Es una lucha


El muchacho que reptaba por el piso de mi oficina y ese gigante semicalvo que parecía siempre incómodo bajo techo eran sobrevivientes de una raza en vías de extinción: los luchadores. El Troglodita era o había sido alguna vez en la cédula Cristóbal Toto Zolezzi, hombre de la troupe legendaria de Martín Karadagián por dos décadas. El otro, un pibe todavía, los restos maltrechos de un atleta excepcional malogrado años atrás, en un accidente aéreo absurdo. A los dos los había vista la semana anterior por televisión, anunciando su regreso espectacular:

-¿Vuelve otra vez Gigantes en el ring? Había preguntado el entrevistador.

-No. Ya está registrado ese título; somos los mismos pero ahora el espectáculo se llama Gigantes en la lona- había contestado Zolezzi.

-¿A quién se le ocurrió ponerle ese nombre?- dije ahora yo, mientras busaba mi agenda en el escritorio.

-Ya están hechos los carteles, los volantes…-argumentó el Troglodita-. Cambiarlo nos saldría mucha guita, Pirovano.

-Pero eso no es un nombre. Es un epitafio: Gigantes en la lona.

No me contestaron. De pronto escuche la voz aguda de Roperito:

-Creo que lo buscan.

-¿Quién?

-Una rubia con un revólver.

Juan Sasturain, La lucha continúa

2002.


La mona y el paciente


La jornada de la mona y el paciente, de Mario Bellatín

Almadía, México, 2006


por Josué Barrera.


La sola aparición de este libro representa un reto en el mapa editorial de México al publicarse en la casa joven e independiente de Almadía. Si se suma que el autor es Mario Bellatín, significa otro desafío pero éste dirigido directamente al lector.

Como ya es común en los textos de este peruano-mexicano, La jornada de la mona y el paciente se trata de una historia de corta extensión escrita en fragmentos que a lo largo de la narración se van juntando para dar coherencia a una pequeña novela. De nuevo aparecen animales (monos, liebres) y personajes con características extrañas: un psiquiatra que atiende a su paciente ante la presencia de su mujer quien deambula por la casa-consultorio en silla de ruedas.

El punto a resaltar es el ejercicio que el autor realiza en torno al proceso creativo y a la escritura misma. El personaje principal va narrando lo que piensa al momento de estar en el papel de paciente, y después se cambia sutilmente de narrador para seguir contando dichos pensamientos. Con éstas reflexiones se van juntando escenas del presente con las del pasado las cuales describen el origen de por qué el personaje se encuentra en esas condiciones.

Todo empieza cuando el narrador, que tiene características esquizofrénicas, compra una pareja de monos en el mercado de la ciudad. Una vez que llegan a la casa, los animales rápidamente se escapan y algunos miembros de la familia y vecinos van en su búsqueda.

Poco a poco se va uniendo la huída de la mona, la persecución del padre del personaje, su presencia en las consultas y el proceso creativo: “éstas caídas, la del padre yendo detrás de una mona furiosa, pueden ser similares a la no libertad de escritura”. Sin embargo Bellatín va explorando estas cuestiones con una excesiva y fluida libertad que ha generado que lo agrupen con autores como Pitol o Aira, cuyas obras brincan de un género a otro, aunque éste libro no sea el caso.

El joven esquizofrénico se pregunta a lo largo de la novela cuestiones de la escritura, de la trascendencia de las palabras y de la relación entre paciente y reo. Es en estas reflexiones cuando el autor logra sugerir una crítica hacia la escritura y sus interpretaciones.

El autor juega con un narrador que escribe sin escribir, pensativo, limitado por sus circunstancias, las cuales representan las inseguridades que cualquier creador puede tener. Bellatín se presenta en este libro como uno de los autores más arriesgados que lentamente va creando en cada historia, en cada personaje, en cada línea, el universo personal anhelado por muchos.


Divino catastro


¿Viste que hay gente que siempre le está haciendo refacciones a su casa, y nunca se dan por satisfechos? Así es Dios. Entre los seres humanos está tan difundida esa manía, que la municipalidad ha tenido que poner aviones para sacar fotos aéreas. Así pueden ver qué reformas han hecho, y ajustan los impuestos.

César Aira, La villa

2001



Precaución Warning Achtung

Falsos chinos


La Gran Muralla

No es su costumbre,
pero la garza amarilla desplegó sus alas e inició anoche un vuelo nocturno.

No es frecuente en China;
pero a veces ocurre que alguien desarma la Gran Muralla
para que el corazón quede expuesto
y pueda volver a amar.

Yuan Ho. Dinastía Han.



Despedida flotante

Hace once años que partiste.
Nadie toca ese laúd pintado de rojo
pero yo todavía escucho su despedida flotante.
Los caballos pasaron ayer frente a la casa donde vivo;
sin embargo, el coral aún tintinea sobre mi mesa.
La tarde no ha terminado
y el campesino sigue empeñado en el arrozal.
Ni la más severa disciplina logró dispersar la niebla de la mañana,
que conservo en el hueco de mi mano.

Yang Ch'eng. Dinastía T'ang.



Arreglos de paisajes en miniatura

Tomo un puñado de tierra y hago creer a quien mira,
que se trata de una montaña.
Ella toma una copa labrada, llena de agua,
y la convierte en un río.
Ayer la vi
y acordamos transformar algo entre los dos
para burlar a los Seis Demonios del desierto.

Ho Yuan Chen. Dinastía Legendaria.



En aguas bajas

Mis poemas antes tenían
toda la profundidad de la superficie.
Ahora tienen toda la superficialidad
de lo profundo.
Yo sé de la molicie que espera en las aguas bajas.

Shen Chin. Dinastía Wei.



Alberto Laiseca, Poemas Chinos

Fiesta


Llegaron los tíos: Rodolfo, Danito, Gabi y Marce; llegaron los primos: Daniel, Martín, Alan, Ian. Las mujeres llegan más tarde porque se quedaron en la peluquería. Quieren llegar espléndidas, no todas nacieron para princesas, pero hoy van a serlo. Clara, Viqui, Rosario y Rosaura son las tías, incluyendo a la solterona. Nené, la esposa de Rodolfo murió hace tiempo y, de alguna forma, esta fiesta también es para ella. Sabrina, Lila, Clara, Marga, Aldana, Mónica y Beatriz esperan sentadas mientras sus madres y tías se hacen las numerosas cosas que suelen hacerse en un salón de belleza, peluquería o como sea que en estos tiempos se denomina a esos antros de perdición donde se peina, corta, tiñe, decolora, arregla, rebaja, quita volumen, quema y arruina el pelo; donde se esculpen, cortan, pintan, liman las uñas de manos y pies, donde se maquillan, pintan, limpian, acarician y masajean rostros. El decreto ha sido conciso: las mayores podrán hacerse cuantas cosas quieran, las pequeñas sólo podrán aceptar un peinado y con suerte algún arreglo para sus uñas.

Los abuelos están en camino, Paco tiene que acordarse de que más de dos copas lo pueden descompensar pero va a olvidarlo luego de la primera. Después de los setenta, sus años mozos se han acabado pero él insiste en negarlo. El zeide estuvo yendo y viniendo hasta último momento, no sabía qué ponerse, si llevar o no kipá. La fiesta no es tradicional, no se celebra la apertura de ningún mar ni el fin de ninguna esclavitud. La fiesta no es religiosa. Pero para él y para todos, es importante y, si no es sagrada, es porque la alegría con que la afrontan no los ha puesto a pensar en esas cosas que el zeide piensa antes de salir. La bobe ha sido expeditiva, a las seis en punto estaba lista y esperando. No es que le haya llevado poco tiempo, hace semanas que viene especulando qué se pondrá y qué dejará en el cambiador, tuvo en cuenta todos sus posibles estados de animo y terminó por decidirse por un vestido que no voy a describir, no vaya a ser que se ofenda.

También van a ir llegando los amigos. Osvaldo y Graciela con la Santita, Rima, Ayelén y Democracia. Ellos siempre llegan temprano y hay que escucharlos discutir acerca de la educación de los hijos que todavía piensan traer al mundo o de las comidas del próximo mes y cosas por el estilo, que a todos nos parecen inexistentes y para ellos tienen la validez de lo que está pasando. Por supuesto que cuando llega más gente, cada uno se acerca a sus allegados y ya no hay discusiones ni nada que se le parezca.

Tal vez vengan el Cachorro y la Cachorra, que son feroces, guerreros y, en ocasiones, demasiado serios. La que sin dudas no falta es la señora Felicitas, que hace años que se divorció y no ha vuelto a conseguir otra pareja, por lo menos no una con la que no busque venganza de su ex. Le hemos visto decenas de muchachitos, muchachotes, ancianos (por lo menos uno), señores bien, señores no tan bien. Son todos imbéciles, infradotados, malos en la cama después de la tercera vez y, por supuesto, han dicho algo punzante, maloliente, han tirado a herir y ella se ha resuelto a destruirlos antes de dejarlos. Por su anuncio debería esperarse que llegue con Mariana y Borja, pero no sabemos si eso sucederá, puede que llegue con su personal trainer o con su instructor de tenis. Van a llegar tarde, pero van a llegar los Marconi. Ellos se las ingenian para acordarse que se olvidaron a Rocío en la casa cuando están a dos cuadras de llegar o de darse cuenta que Marcos salió sin los pantalones o mil cosas que nadie puede llegar a imaginar. Y es llegar los Marconi y que la fiesta se alegre, porque los que no se ponen a hablar con ellos y a descostillarse de risa, comentan entre sí alguna de las anécdotas más famosas y eso alcanza para que haya más de una carcajada. Los que no sabían con seguridad si venían eran los santafesinos, Luisa y Javier. Ellos estaban complicados porque tienen a uno de los nenes recién operado pero, si el médico les daba la autorización, iban a venir. Son el orgullo de todos, ella es física, de Balseiro, doctorada en Oslo y la mejor cocinera de Brownies de todo el Litoral. Él es director de orquesta, se conocieron en Berlín, mientras tomaba clases con un maestro de viola y ella lo seguía, loca, desde que se habían cruzado en un recital de Sting, en Glasgow. Ahora han reducido su actividad profesional y se han puesto de lleno a hacer vida de casa, con los peques que llegaron tarde pero llegaron y el zoológico que tienen.

Puede que venga la Nana, aunque sea un ratito, porque lo que a ella le gusta es la vida sin ruidos, sin mucha gente, donde se pueda hablar bajito y contar algo, cualquier cosa y preparar un mate y tomarlo y a veces, muy de vez en cuando, fumarse un cigarrillo, como cuando era chica y creía que así iba a conquistar al señorito que pasaba por su casa y de vez en cuando le regalaba una flor.

También va a venir Tomás que, aunque está peleado con la música, desde que le da clases a Juan, se está reconciliando con las seis cuerdas, eléctricas, llenas de efectos y distorsión pero seis cuerdas al fin.

Las hermanas van a hacer de cuenta que se pelean, ahora con cierta complicidad, como trayendo los aires de un rito, del tiempo en que se peleaban de a de veras.

A las once van a llegar las chicas, Susana, Maru, Maje y Leticia. Ellas eligieron llegar tarde porque quieren entrar y así dar comienzo al baile. Ahí va a ser cuando desaparezcas y vuelvas con otro vestido, espléndida y lista para decirle al señor DJ que se inaugura la temporada de patos, que todos se pongan a bailar y que a nadie se le ocurra tirar un tiro, pero que se pueden descorchar cuantos champagnes se deseen. Pero antes, claro, van a hacer una mini función, alguna pieza para los amigos. Y Pancho te va a mirar como cuando te decía reina de la bailanta y vos lo vas a mirar con cara de enojo y, en seguida vas a sonreír, porque aunque sea una función chiquitita, una bailarina no puede dejarse intimidar por el público.

A las nueve, marco el cuatronuevedosveintitrésveintitrés y espero en la puerta.

Cuando me pregunte, le voy a decir que sí, que voy a La Rioja unodostresnueve.


por Esteban Prado

Del otro lado

Los descuidos.

Mi mano se desliza en busca

de los pechos expertos:

el agua es tibia y generosa.


Bajo la tela prevenida de su prenda nocturna,

han bajado los cielos

para dejar caer el primer movimiento del agua.

Parece que va a llover; todo está quieto y solo

.

Ella puede demorar las cosas;

ocultar algo todavía. Puede salvarse.

¡Dios mío, que no haya perdido esa, entre tantas agudezas!


Sólo me tranquiliza que sea una mujer de mundo:

tiene astucia para el naipe

y para la indolencia;

es hábil con su cuerpo elegido

que se encrespa y ruge. Conoce a fondo los placeres.


Pero con el temporal irrumpen sus fragancias secretas:

es ésta una delicadeza que nunca pudo controlar.


Entonces la excede la innecesaria vergüenza;

los sueños quebrantados, el olvido.

Y la dejo llorando,

perdida en su mundo,

en nuestro dudoso mundo,

tan frágilmente suspendido.



Amarla es difícil.


Es buena, cuando duerme;

el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio

que remonta los sueños.


Cuando calla, es buena

y su voz una premonición olvidada y peligrosa

que arruina el silencio.


Cuando grita o llora

o se lamenta o se divierte o se cansa,

nada puede contener

este dolor alegre que envenena

mis sueños y mi soledad.

Por eso es difícil pensar

en ella, en su cara bondadosa;

abandonarse; por eso

es una cobardía retenerla

y dejarla ir, una pavorosa crueldad.

A veces, cuando lo pienso,

no sé que hacer con ella,

con este destino luminoso.


Francisco Urondo, Del otro lado

1960-1965.

Alison

Es sencillo. Un hombre, Jack Radcliffe, presumiblemente fotógrafo de profesión, decide retratar a su hija Alison desde el día que nace. De a poco va completando una historia chiquita, con pocos personajes y una protagonista magnética.




Y la muerte perderá su dominio



Mientras suena el teléfono y anochece
en la habitación desierta
preparo mi cabeza de comediante para simular
la cobardía de toda una vida
ante un posible mensaje de terror.
No tengo respuestas. La época
creó parálisis ambiguas como esta.
Así crece el error de aquel que llama
apostando a un número muerto
y al crimen de esta omisión que organiza
un fracaso del otro lado de la línea.
¿Me alcanzará, sin embargo, el ajuste de cuentas,
a mí, vuelto de espaldas en la cama,
o inclinado hacia el plato de comida,
cobijando la coartada del sueño?
En alguna parte, el desconocido descubre
su propia apatía moral; escucha el timbre
que se pierde en la oscuridad
escribiendo una página ilegible: cae su rostro
melancólico y vano, dudando
entre aceptar la humillación del vacío
o romper objetos sin porvenir a su alrededor.
Mientras suena el teléfono a través de los años.


Joaquín Gianuzzi, Teléfono y vacío

Abril es el mes más cruel



Abril es el mes más cruel: engendra

lilas de la tierra muerta, mezcla

recuerdos y anhelos, despierta

inertes raíces con lluvias primaverales.

El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo

la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo

una pequeña vida con tubérculos secos.

Nos sorprendió el verano, precipitóse sobre el Starnbergersee

con un chubasco, nos detuvimos bajo los pórticos,

y luego, bajo el sol, seguimos dentro de Hofgarten,

y tomamos café y charlamos durante una hora.

Bin gar keine Russin, stamm'aus Litauen, echt deutsch.

Y cuando éramos niños, de visita en casa del archiduque,

mi primo, él me sacó en trineo.

Y yo tenía miedo. Él me dijo: Marie,

Marie, agárrate fuerte. Y cuesta abajo nos lanzamos.

Uno se siente libre, allí en las montañas.

Leo, casi toda la noche, y en invierno me marcho al Sur.

¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen

en estos pétreos desperdicios? Oh hijo del hombre,

no puedes decirlo ni adivinarlo; tu sólo conoces

un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,

y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela

y la piedra seca no da agua rumorosa. Sólo

hay sombra bajo esta roca roja

(ven a cobijarte bajo la sombra de esta roca roja),

y te enseñaré algo que no es

ni la sombra tuya que te sigue por la mañana

ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro;

te mostraré el miedo en un puñado de polvo.


[April is the cruelest month, breeding

Lilacs out of the dead land, mixing

Memory and desire, stirring

Dull roots with spring rain.

Winter kept us warm, covering

Earth in forgetful snow, feeding

A little life with dried tubers.

Summer surprised us, coming over the Starnbergersee

With a shower of rain; we stopped in the colonnade

And went on in sunlight, into the Hofgarten,

And drank coffee, and talked for an hour.

Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.

And when we were children, staying at the arch-duke's,

And I was frightened. He said, Marie,

Marie, hold on tight. And down we went.

In the mountains, there you feel free.

I read, much of the night, and go south in winter.

What are the roots that clutch, what branches grow

Out of this stony rubbish? Son of man,

You cannot say, or guess, for you know only

A heap of broken images, where the sun beats,

And the dead tree gives no shelter, the cricket no relief,

And the dry stone no sound of water. Only

There is shadow under this red rock

(Come in under the shadow of this red rock),

And I will show you something different from either

Your shadow at morning striding behind you

Or your shadow at evening rising to meet you;

I will show you fear in a handful of dust.]


T.S Eliot, The Waste Land

1922

[Penélope Cruz fue Abril en el Calendario Pirelli 2006]

El corredor



Despojado de todo alivio

con el agua como sombra

creciéndole en el cuerpo,

el corredor exagera el paso,

la respiración.

Progresa.

Su tranco vibra en la tierra

y no imagina metáfora alguna

sobre partidas o llegadas, sencillamente

las ignora; respira

ese aire que nunca alcanza.


por Facundo Giménez