Un duelo entre dos dioses


Gallos de pelea


Cantó el gallo en mitad del bombardeo.

Como si no supiera

que esta guerra es un duelo entre dos dioses

y quisiera ser él el tercero en discordia.

Como si el muy necio intentara

convencerse a sí mismo

que a las cinco amanece

a pesar de los hombres.


¡Dios!


No nos gusta matar.

Somos

por fortuna creyentes,

por fortuna ricos

de corazón, por fortuna dueños

de artefactos que matan por fortuna

solamente al pobre

hombre que cruce infortunado

un lugar estratégico.


Teletipo


Los jefes

del estado en conflicto

se dirigirán esta noche a la nación

de enfrente.



Fernando Beltrán

de El gallo de Bagdad y otros poemas de guerra

1991


Una margarita


cierta impecable

efusiva orgullosa televisión

nos enseña que indios chinos negros

y otros seres inferiores

no valen una margarita

anoche por ejemplo

el muchachito de ojos celestes

deshojó chinos y no decía precisamente

me quieren no me quieren

la escena sentimental sucedió

algunos minutos después

porque una mujer hermosa

siempre forma parte de la historia

y en el final los televidentes

nos entristecimos por la muerte del muchachito rubio

que valía más que todo el inmenso mar

de la China



Juan Carlos Moisés, No todo vale una margarita


Matronas respetables


La mujer imposible,
la mujer de dos metros de estatura,
la señora de mármol de carrara
que no fuma ni bebe,
la mujer que no quiere desnudarse
por temor a quedar embarazada,
la vestal intocable
que no quiere ser madre de familia,
la mujer que respira por la boca,
la mujer que camina
virgen hacia la cámara nupcial
pero que reacciona como hombre,
la que se desnudó por simpatía
porque le encanta la música clásica
la pelirroja que se fue de bruces,
la que sólo se entrega por amor
la doncella que mira con un ojo,
la que sólo se deja poseer
en el diván, al borde del abismo,
la que odia los órganos sexuales,
la que se une sólo con su perro,
la mujer que se hace la dormida
(el marido la alumbra con un fósforo)
la mujer que se entrega porque sí
porque la soledad, porque el olvido...
la que llegó doncella a la vejez,
la profesora miope,
la secretaria de gafas oscuras,
la señorita pálida de lentes
(ella no quiere nada con el falo)
todas estas walkirias
todas estas matronas respetables
con sus labios mayores y menores
terminarán sacándome de quicio.



Nicanor Parra, Mujeres



Cena (fragmento)


¿Te acordás cuándo

afuera

había una república de perros

que no nos dejaba dormir?

Hoy son mis dientes

los que me mantienen alerta,

todas las noches,

el comienzo de una pesadilla

cuyo final, siniestramente, intuyo

un auto que se para o no,

en la puerta del departamento,

una voz que no es tu voz

que piensa y concluye,

en términos más

o menos convincentes,

que yo soy

una mierda.


Facundo Giménez

(2009)

Sin apetito


Ahora un hombre absurdo, sentado en un rincón, sigue escribiendo la Torá invisible.

Sobre las paredes desnudas del único baño del ghetto, el mono rhesus más concreto dibuja grafismos. Los dibuja para que sus ojos se llenen por un rato de mirada.

En un amplio y aparatoso gesto, el pescador aquel lanza su red en altamar para que alguien la admire y la mida; ya no le interesa pescar (no hay referente, ni para él ni para nadie).

Augusto de Campos dispara pequeños poemas al vacío.

El idiota salió de paseo y anda por la aldea sin apetito de macho o hembra alguno.



Héctor Libertella, El árbol de Saussure

2000


Desterradero de identidades


Todo exilio es desgraciado en tanto significa -como se ha dicho- un desterradero de identidades. No voy a repetir lo que significaba como sanción para los griegos, esa dislocadura de un hombre perdido para su comunidad y para sí mismo. Lo dijo Martín Fierro: “es triste dejar sus pagos/ y largarse a tierra ajena”. En mi caso el hecho de haber salido muy joven, con 23 años, le dio al hecho un vuelco en un sentido de intercambio, solidaridad, diálogo, aprendizaje. Esto lo conversé bastante con un exiliado emblemático, Augusto Roa Bastos, quien muy joven debió dejar el Paraguay. Decía que había ganado en experiencia, algo que no se le había dado luego como exiliado “diplomado”. En el mismo sentido, Cortázar instaba a trocar la diáspora en ágora, convertir el exilio en una “violenta y hermosa fuerza”. El destierro fue también un espacio de lucha, de denuncia contra la Junta Militar. El tema está en el poema “Exilio” y en muchos de mis textos; hay que tener en cuenta que el poeta se mueve en los márgenes y escribe desde el reverso del idioma; hace sus preguntas con una pierna colgando en el vacío…



Jorge Boccanera

en una jugosa entrevista de Osvaldo Picardo

robado gentilmente del blog de La Pecera


Como el remordimiento


El Pintor Copista abrió una botellita de trementina y empezó a limpiarse las manos con cuidado. El Bosco tenía una imaginación perversa, dijo, él le atribuyó esa imaginación al pobre San Antonio, pero la imaginación es del pintor, era él quien pensaba todas esas cosas horrendas, es evidente, creo que el pobre San Antonio era una persona sencilla. Pero fue tentado, objeté yo, es el diablo el que insinúa esas cosas perversas en su imaginación, el Bosco pintó la tempestad que tiene lugar en la imaginación del santo, pintó un delirio. No en vano este cuadro tenía un valor taumatúrgico, dijo el Pintor Copista, los enfermos iban en peregrinación ante el cuadro a la espera de algún acontecimiento milagroso que pusiera fin a su sufrimiento. El Pintor Copista leyó la sorpresa en mi rostro y preguntó: ¿No lo sabía? No, respondí, francamente no lo sabía. Pues sí, dijo, el cuadro estaba expuesto en el Hospital dos Antonianos en Lisboa, que era una hospital que albergaba a personas con enfermedades de la piel, en la mayoría de los casos eran enfermedades venéreas y el terrible fuego de San Antonio, que es como se llamaba antiguamente a una especie de erisipela muy contagiosa y que es como la gente sigue llamando a esa enfermedad en provincias, es una dolencia terrible porque se manifiesta cíclicamente y la zona que ataca se llena de ampollas que duelen mucho, pero ahora esta enfermedad tiene un nombre más científico, se llama herpes zóster. Mi corazón empezó a latir a toda velocidad, noté que estaba sudando y pregunté: ¿Cómo sabe usted todas esas cosas? No se olvide de que llevo diez años trabajando sobre este cuadro, respondió, para mí no tiene misterios. Entonces, hábleme de ese virus, dije, ¿qué sabe de ese virus? Es un virus muy extraño, dijo el Pintor Copista, parece que todos los llevamos en nuestro interior en estado larvatorio, pues se manifiesta cuando las defensas del organismo están más débiles, entonces ataca con virulencia, y después se adormece, y vuelve a atacar cíclicamente, sabe, le diré algo, yo creo que el herpes es un poco como el remordimiento, permanece dormido dentro de nosotros y un buen día despierta y nos ataca, y después vuelve a adormecerse porque conseguimos dominarlo, pero permanece siempre en nuestro interior, no hay nada que hacer contra el remordimiento.



Antonio Tabucchi, Réquiem

1991

Soberano



Durante dieciséis o diecisiete años irá hundiéndose en un orden regido por normas tan estrictas, tan especiales, tan organizadas en circuito cerrado que, aunque elaboradas para constituir una asociación de personas cuyo fin es modificar la realidad, lo harán pasar a una irrealidad tan grande que, detrás de la máscara impenetrable, como se dice, en que se irá transformando su cara, o bajo los disfraces diversos que irá adoptando para entrar y salir, como un actor que interpreta varios papeles de segundo orden en una misma comedia, en la vida ordinaria, detrás de la máscara impenetrable, decíamos, ¿no?, o decía mejor, como decía nomás hace un momento, un servidor, no irá quedando, después de la cólera, la fe, la duda, el arrojo, más que la obstinación sardónica, ni siquiera autocompasiva, de quien, enceguecido por una lluvia torrencial, como se dice, o por una serie ininterrumpida de explosiones, corre en línea recta, sin importarle, y tal vez sin siquiera plantearse el problema, si en la dirección en que corre lo espera un reparo o un precipicio. De todos modos, y a partir de cierto momento, llevará siempre, dondequiera que vaya, una pastilla de veneno, bien guardada contra su cuerpo en alguno de sus bolsillos, y de vez en cuando la observará para recordar no que es mortal, sino soberano.



Juan José Saer, Glosa

(1986)


Máquina de trinar



Conozco esa música, su tela de araña

ensayada mil veces y vuelta a desmantelar.

La vida: en su estado de boceto,

su armónica falta de construcción.

Raro, como canta un pájaro entre los dientes del gato.




Walter Cassara, de Máquina de trinar

(2007)


El hueso del ghetto literario


—En los 80 usted asistió a todo el debate sobre el mercado del libro. ¿Cómo luce el mercado hoy?

—Allí donde hay un interlocutor, uno solo, ahí se constituye un mercado. ¿Qué quiere decir esto? Los transpiradores se pasan la vida buscando vender miles de ejemplares a cambio del diez por ciento de los bolsillos de sus lectores. Pero con un simple susurro al oído del emperador Octavio Augusto, Cayo Cilnio Mecenas colocó a Virgilio en el palacio. Y el mercado unipersonal de Virgilio hasta terminó siendo más grande que el del popular y esforzado Petronio. Hoy en Argentina tal vez convenga llevar sólo 300 ejemplares al hueso del ghetto literario, en lugar de treinta mil a la adiposis masiva.


—A la luz de esta fantasía espacial, ¿cómo ve su propio lugar en la literatura argentina?

—A ver, veamos qué te parece este silogismo: si Argentina es un país periférico en el mundo, su escritor más periférico será entonces centralmente argentino. A mí me ha costado mucho sostener esta paradoja... ¡Cuanto más marginal, más central! No es que yo tenga un lugar definido, sino que es el lugar, sí, el lugar, el que no está ahí. ¿Se entiende?




Entrevista a Héctor Libertella, por Marcelo Damiani

Clarín, en agosto del 2002.


Fuga



Sábado 12 de septiembre / 19 horas / La Bodeguita del Medio

(Castelli 1252, Mar del Plata)


Presentación del libro


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FUGA

de Evangelina Aguilera


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Presentan: Matías Moscardi y Javier Chiabrando


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Volviste


Te acercás a tu tierra

pero la ruta empuja el horizonte,

esa línea que un ciego dibuja temblando.

Llegás y te das cuenta

que a todo le estalló su cambio diminuto.


Nadie sabe quién es cuando retorna


Zelig


como esos animales que parecen

finas ramitas verdes

y adquieren la quietud del viento que las mueve,

o los que copian el color de la tierra

sin saber que la tierra los espera

o esa gente que vuelve de los viajes

con las tonadas de otros

o los que buscan en revistas su peinado.



Evangelina Aguilera

poemas de Fuga (2009)

Cinco motivos



Cinco motivos para volver a leer a Bioy Casares.

En este orden:



1. El sueño de los héroes

2. Diario de la guerra del cerdo

3. Dormir al sol

4. La invención de Morel

5. La aventura de un fotógrafo en La Plata


Manigua


Viernes 11 de Septiembre / 21 horas / librería Chesterton

(Corrientes e/ San Martín y Rivadavia)


Presentación de la novela


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MANIGUA

de Carlos Ríos


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El combo incluye:


Lecturas en vivo.

Lectores sorpresa.

Libros de la editorial entropía a la venta.

Músicas diversas.

Bebidas de todo tipo.

Show de rayos láser.


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Invita:



100


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100 posts. Qué lo tiró…


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Cena (fragmento)



Y yo sigo pensando que en estas cosas

hay, secreto, un lenguaje,

que en este lapso

en que no nos interrumpimos,

existe un gesto

que en la llave que gira

y nos muestra el vientre

desolador

de la calle, hay un idioma.



Facundo Giménez

(2009)