A la foto se le están yendo despacio
los colores que la hacían tan intensa
en una sucesión de minutos borrosos y de vino
en las copas y los manteles y los dos o tres momentos
que quedaron misteriosamente juntos
en ese rectángulo de papel. Se le está yendo
la gente que se ríe sin ganas delante de la cámara
como si todos los días y a toda hora fuera
aquella tarde de abril en que pensaron
el mundo como una unidad sensible o una roca
flotando en el espacio sideral de una galaxia periférica.
Se le están yendo los bordes sin el centro, la frontera
que la distingue de otros recortes tan precisos
de las tardes de abril y las calles de una ciudad con mar
de las impresiones macabras de los aeropuertos
de los puentes que hoy no están y que una vez
parecían tan ajenos, tan lejanos, tan poco importantes.
A la foto se le están yendo despacio los colores
de la gente que la hacía tan intensa
como se están yendo los días del invierno
como se están yendo las hojas de un libro
como se están yendo todos los espacios demarcados
por las cosas imprecisas de esa tarde de abril
en que reuní a mis amigos delante de la cámara.
Esteban Quirós (2006)
de Triple Frontera
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