La mona y el paciente


La jornada de la mona y el paciente, de Mario Bellatín

Almadía, México, 2006


por Josué Barrera.


La sola aparición de este libro representa un reto en el mapa editorial de México al publicarse en la casa joven e independiente de Almadía. Si se suma que el autor es Mario Bellatín, significa otro desafío pero éste dirigido directamente al lector.

Como ya es común en los textos de este peruano-mexicano, La jornada de la mona y el paciente se trata de una historia de corta extensión escrita en fragmentos que a lo largo de la narración se van juntando para dar coherencia a una pequeña novela. De nuevo aparecen animales (monos, liebres) y personajes con características extrañas: un psiquiatra que atiende a su paciente ante la presencia de su mujer quien deambula por la casa-consultorio en silla de ruedas.

El punto a resaltar es el ejercicio que el autor realiza en torno al proceso creativo y a la escritura misma. El personaje principal va narrando lo que piensa al momento de estar en el papel de paciente, y después se cambia sutilmente de narrador para seguir contando dichos pensamientos. Con éstas reflexiones se van juntando escenas del presente con las del pasado las cuales describen el origen de por qué el personaje se encuentra en esas condiciones.

Todo empieza cuando el narrador, que tiene características esquizofrénicas, compra una pareja de monos en el mercado de la ciudad. Una vez que llegan a la casa, los animales rápidamente se escapan y algunos miembros de la familia y vecinos van en su búsqueda.

Poco a poco se va uniendo la huída de la mona, la persecución del padre del personaje, su presencia en las consultas y el proceso creativo: “éstas caídas, la del padre yendo detrás de una mona furiosa, pueden ser similares a la no libertad de escritura”. Sin embargo Bellatín va explorando estas cuestiones con una excesiva y fluida libertad que ha generado que lo agrupen con autores como Pitol o Aira, cuyas obras brincan de un género a otro, aunque éste libro no sea el caso.

El joven esquizofrénico se pregunta a lo largo de la novela cuestiones de la escritura, de la trascendencia de las palabras y de la relación entre paciente y reo. Es en estas reflexiones cuando el autor logra sugerir una crítica hacia la escritura y sus interpretaciones.

El autor juega con un narrador que escribe sin escribir, pensativo, limitado por sus circunstancias, las cuales representan las inseguridades que cualquier creador puede tener. Bellatín se presenta en este libro como uno de los autores más arriesgados que lentamente va creando en cada historia, en cada personaje, en cada línea, el universo personal anhelado por muchos.