Un Rashomon santafesino


-¿Cuándo decís la gran novela filosófica pensás en algún antecedente argentino?


–No, creo que acá no hay antecedentes de novelas filosóficas. De Respiración artificial se dijo mucho que es una novela filosófica, pero no lo es, es una novela sobre crítica literaria, sobre teoría crítica. Después no, no hay. Qué sé yo, La cátedra de Nicolás Casullo. Después se podrá decir que ciertas novelas tienen ciertos contenidos filosóficos. Me acuerdo de un artículo de Guillermo Saavedra sobre César Aira, donde decía: “la densidad filosófica de las novela de Aira”. Me acuerdo de memoria esta frase, que me sorprendió, no digo nada, me sorprendió. Y sin duda alguna, muchos deben estar segurísimos que las novelas de Saer son filosóficas, estoy seguro.


-¿Y tienen razón?


–No sé, son aburridas. Son como muy objetivistas. A mí nunca me pasó gran cosa salvo con Glosa, que quizá sea una novela sobre las distintas postulaciones de la realidad, pero es la versión literaria de la película japonesa Rashomon. Un Rashomon santafesino.



José Pablo Feinmann

en entrevista con Gabriel Lerman


El material de la experiencia


Tal como la verdad se revela al buen escritor por el filo cortante de su estilo (pudiendo así esperar que tal estilo sea en cada caso el útil más apropiado para el material de la experiencia), el revolucionario comienza a descubrir la naturaleza de su verdadera situación cuando trata de cabalgar sobre la bestia de su revolución.



Norman Mailer, Los ejércitos de la noche

1968


Planes para un futuro


Pensó en sus primeros amigos, Veneno, el Bolsa, Patricia, en las noches que pasaban leyendo poesía, tomando cerveza negra y haciendo planes para un futuro que finalmente fue distinto, peor que todo lo que hubieran podido imaginar en medio de la más brava de las borracheras. Pensó en la llamada telefónica del primo del ahijado de un vecino, que le había conseguido un puesto en la biblioteca, lo único que tenés que hacer es ir todos los días, le dijo. Y él empezó a ir todos los días, alquiló el departamento en la ciudad, y ahora tiene la sensación de que nunca podrá dejar ese trabajo, ese departamento, esa ciudad.




Ariel Bermani, Leer y escribir

(2006)


Otra de zoológicos


Ministerio de misterios


No es fácil llegar. La impresión

es placentera, pero los precios

se disparan cuanto más dentro

uno se meta. Puede probarse

con las cuevas, gratis, pero

el problema es lo que se sueña

aquí: barato, con colores

planos. Todo es pequeño,

los sueños no tienen suficiente

espacio, pero el personal

es amable. Cerrado los lunes.


Criadero de Lucros


Los lucros, seamos francos, casi

ni se ven: en grandes piletas

llenas de musgo, se crían

los que están en la etapa

primera de sus cambios.

Sólo el agitarse nervioso

de las aguas verduzcas, delata

al cardumen. Como de allí

son transportados mediante

la corriente a otro tanque,

tampoco los verá en esa ocasión.

Este nuevo criadero, inmenso,

por cierto no le permitirá

distinguir de la orilla lo que pasa

en el centro. En realidad, usted

sólo verá los lucros ya crecidos,

cuando muerden y matan.

(Y para esto le harán pagar

de nuevo). Un verdadero engaño.


Sórdidos en cautiverio


En el por otra parte anodino

zoológico de Villa Emeteria

existe una maravillosa jaula

de sórdidos, cosa no muy frecuente.

Los sórdidos difícilmente pueden

vivir en cautiverio, más bien

deambulan solitarios, a orillas

de los ríos, asomándose a puentes

como con ganas de matarse.

Por supuesto, no lo hacen. En ellos

eso es tan sólo una forma

de reclamo sexual. Lo cierto

es que es difícil verlos tan de cerca.

Vaya casi a la noche,

que no haya mucha gente.


Zoológico del mar


No, no es un acuario. No

se exhiben animales marinos.

Se exhiben mares. Y algunos,

ciertamente, muy grandes. (Pero

no océanos, por supuesto, qué cree).

Los mares están bien atendidos,

con una pileta dentro de cada fosa

para que se refresquen en verano.

Algunos son un poco huraños,

pida al guardián que los haga

salir, si están escondidos en su

cubil, por una pequeña propina.



Eduardo D'Anna, del libro Zoológicos

2006


No olvidar


http://festivalpoesiadeaca.blogspot.com/


Cuando acabe el exceso


Sube su remota consistencia

hasta los techos y más

no saben qué hacer los árboles

hechos de agua en la corteza.

Mi abuelo sostenía

-o recordaba-

en el aire de su conversación,

mientras por su cara

subía el humo del cigarrillo y sobre sus ojos

quizá otra nube hecha también

de ceniza, que el paisaje

se le había hundido en las botas y que

el barro, seco después, dibujaba en las paredes

extrañas alegorías.

Lo difícil no es que ataque furioso, de un solo tiro,

decía, sino peor, que se suspenda, delicada

la lluvia, durantes varios

días grises y arañazos claros

sobre un cielo

móvil.

Cuando acabe el exceso, imagino,

como el amor, su rastro

dejará sembrado

un sendero de animales muertos

y de plantas

secas,

que ondearon en la correntada

más allá de la oscilación

de la vida.



Facundo Giménez, La inundación

2009




La semilla del futuro



-Decime, Alfredo… ¿A vos te excita la muerte? A mí me calienta. Me calienta muchísimo. A mí me calienta la Revolución. Nunca podría acostarme con un bancario o con un burócrata sindical. Yo soy una hembra, compañero… Y estoy caliente con vos-

-¿Me estás hablando en serio?

-Claro. ¿O tenés alguna duda? Estoy yendo bien de frente, compañero.

-Pero yo no sé si es un tema para hablar ahora…

-¿Por qué no?

-¡Porque se acaba de morir mi viejo!

-¿Y? Cojamos sobre las tumbas de nuestros antecesores para que nazca la semilla del futuro.



Daniel Guebel, La vida por Perón

(2004)