Vacas sagradas


La vaca sagrada es una metáfora de esos artistas o escritores de los que no se puede hablar mal porque no se puede. Es el caso de Rulfo en México: si decís algo malo de él te expulsan o te asesinan. Este tipo de figuras son un poco nefastas, porque el campo de elección de los autores que uno lee debe ser algo personal y libre. ¿Cómo va a haber esa imposición sobre lo bueno y lo malo? A diferencia de otros países que dieron figuras intocables, en la Argentina todo se ha discutido o se ha vilipendiado, hasta Borges que fue realmente grande. Pero por momentos no entiendo del todo que haya escritores que mediante la extorsión y el chantaje quieren impedir que se digan cosas como ocurrió ahora con el aniversario de la muerte de Osvaldo Soriano. Sus amigos sacaban estos artículos encendidos, casi violentos, apuntando que a quien no le gusta Soriano es una mala persona, un derechista, un menemista, un genocida. Me parece que esa extorsión al gusto de un escritor es algo impropio. También se lo intentó hacer con Cortázar. Su obra se fue deshilachando con el tiempo, y también su figura, su activismo político y su oportunismo lo opacaron mucho y ya no se insiste tanto en eso.

No me explico la necesidad de tener una figura, una vaca sagrada, por qué ese deseo de tener un indiscutible, si es mucho mejor tener discutibles, poder opinar. Por ejemplo creo que Rodolfo Walsh es un escritor insignificante. O no tanto, pero lo digo por la rabia que me da este tema



César Aira

en conversación sobre las vacas sagradas de la literatura

en entrevista con Perfil.


Un Rashomon santafesino


-¿Cuándo decís la gran novela filosófica pensás en algún antecedente argentino?


–No, creo que acá no hay antecedentes de novelas filosóficas. De Respiración artificial se dijo mucho que es una novela filosófica, pero no lo es, es una novela sobre crítica literaria, sobre teoría crítica. Después no, no hay. Qué sé yo, La cátedra de Nicolás Casullo. Después se podrá decir que ciertas novelas tienen ciertos contenidos filosóficos. Me acuerdo de un artículo de Guillermo Saavedra sobre César Aira, donde decía: “la densidad filosófica de las novela de Aira”. Me acuerdo de memoria esta frase, que me sorprendió, no digo nada, me sorprendió. Y sin duda alguna, muchos deben estar segurísimos que las novelas de Saer son filosóficas, estoy seguro.


-¿Y tienen razón?


–No sé, son aburridas. Son como muy objetivistas. A mí nunca me pasó gran cosa salvo con Glosa, que quizá sea una novela sobre las distintas postulaciones de la realidad, pero es la versión literaria de la película japonesa Rashomon. Un Rashomon santafesino.



José Pablo Feinmann

en entrevista con Gabriel Lerman


El material de la experiencia


Tal como la verdad se revela al buen escritor por el filo cortante de su estilo (pudiendo así esperar que tal estilo sea en cada caso el útil más apropiado para el material de la experiencia), el revolucionario comienza a descubrir la naturaleza de su verdadera situación cuando trata de cabalgar sobre la bestia de su revolución.



Norman Mailer, Los ejércitos de la noche

1968


Planes para un futuro


Pensó en sus primeros amigos, Veneno, el Bolsa, Patricia, en las noches que pasaban leyendo poesía, tomando cerveza negra y haciendo planes para un futuro que finalmente fue distinto, peor que todo lo que hubieran podido imaginar en medio de la más brava de las borracheras. Pensó en la llamada telefónica del primo del ahijado de un vecino, que le había conseguido un puesto en la biblioteca, lo único que tenés que hacer es ir todos los días, le dijo. Y él empezó a ir todos los días, alquiló el departamento en la ciudad, y ahora tiene la sensación de que nunca podrá dejar ese trabajo, ese departamento, esa ciudad.




Ariel Bermani, Leer y escribir

(2006)


Otra de zoológicos


Ministerio de misterios


No es fácil llegar. La impresión

es placentera, pero los precios

se disparan cuanto más dentro

uno se meta. Puede probarse

con las cuevas, gratis, pero

el problema es lo que se sueña

aquí: barato, con colores

planos. Todo es pequeño,

los sueños no tienen suficiente

espacio, pero el personal

es amable. Cerrado los lunes.


Criadero de Lucros


Los lucros, seamos francos, casi

ni se ven: en grandes piletas

llenas de musgo, se crían

los que están en la etapa

primera de sus cambios.

Sólo el agitarse nervioso

de las aguas verduzcas, delata

al cardumen. Como de allí

son transportados mediante

la corriente a otro tanque,

tampoco los verá en esa ocasión.

Este nuevo criadero, inmenso,

por cierto no le permitirá

distinguir de la orilla lo que pasa

en el centro. En realidad, usted

sólo verá los lucros ya crecidos,

cuando muerden y matan.

(Y para esto le harán pagar

de nuevo). Un verdadero engaño.


Sórdidos en cautiverio


En el por otra parte anodino

zoológico de Villa Emeteria

existe una maravillosa jaula

de sórdidos, cosa no muy frecuente.

Los sórdidos difícilmente pueden

vivir en cautiverio, más bien

deambulan solitarios, a orillas

de los ríos, asomándose a puentes

como con ganas de matarse.

Por supuesto, no lo hacen. En ellos

eso es tan sólo una forma

de reclamo sexual. Lo cierto

es que es difícil verlos tan de cerca.

Vaya casi a la noche,

que no haya mucha gente.


Zoológico del mar


No, no es un acuario. No

se exhiben animales marinos.

Se exhiben mares. Y algunos,

ciertamente, muy grandes. (Pero

no océanos, por supuesto, qué cree).

Los mares están bien atendidos,

con una pileta dentro de cada fosa

para que se refresquen en verano.

Algunos son un poco huraños,

pida al guardián que los haga

salir, si están escondidos en su

cubil, por una pequeña propina.



Eduardo D'Anna, del libro Zoológicos

2006


No olvidar


http://festivalpoesiadeaca.blogspot.com/


Cuando acabe el exceso


Sube su remota consistencia

hasta los techos y más

no saben qué hacer los árboles

hechos de agua en la corteza.

Mi abuelo sostenía

-o recordaba-

en el aire de su conversación,

mientras por su cara

subía el humo del cigarrillo y sobre sus ojos

quizá otra nube hecha también

de ceniza, que el paisaje

se le había hundido en las botas y que

el barro, seco después, dibujaba en las paredes

extrañas alegorías.

Lo difícil no es que ataque furioso, de un solo tiro,

decía, sino peor, que se suspenda, delicada

la lluvia, durantes varios

días grises y arañazos claros

sobre un cielo

móvil.

Cuando acabe el exceso, imagino,

como el amor, su rastro

dejará sembrado

un sendero de animales muertos

y de plantas

secas,

que ondearon en la correntada

más allá de la oscilación

de la vida.



Facundo Giménez, La inundación

2009




La semilla del futuro



-Decime, Alfredo… ¿A vos te excita la muerte? A mí me calienta. Me calienta muchísimo. A mí me calienta la Revolución. Nunca podría acostarme con un bancario o con un burócrata sindical. Yo soy una hembra, compañero… Y estoy caliente con vos-

-¿Me estás hablando en serio?

-Claro. ¿O tenés alguna duda? Estoy yendo bien de frente, compañero.

-Pero yo no sé si es un tema para hablar ahora…

-¿Por qué no?

-¡Porque se acaba de morir mi viejo!

-¿Y? Cojamos sobre las tumbas de nuestros antecesores para que nazca la semilla del futuro.



Daniel Guebel, La vida por Perón

(2004)


Largamente en la noche


Algunos poemas de un libro poco frecuentado, ideal para momentos en los que parece que el son puede llegar a pudrirnos el cerebro.


Lynch


Lynch de Alabama.

Rabo en forma de látigo

y pezuñas terciarias.

Suele manifestarse

con una gran cruz en llamas.

Se alimenta de negros, sogas,

fuego, sangre, clavos,

alquitrán.

Capturado

junto a una horca. Macho.

Castrado.



Gangster


Este pequeño gangster neoyorquino

es el hijo menor de un gangster de Chicago

y una madre bull-dog.

Fue herido en el asalto

al Royal Bank de Seattle.

Chester.

Lucky.

Camel.

White Label o Four Roses.

Browning.

Heroína.

(Sólo habla inglés)



kkk


Éste cuadrúpedo procede

de Joplin, Misurí.

Carnicero.

Aúlla largamente en la noche

sin su dieta habitual de negro asado.


Acabará por sucumbir.

Un problema (insoluble) alimentarlo.




Nicolás Guillén, de El gran zoo (1967)


Es difícil saberlo



La araña cuelga demasiado lejos de la tierra,
tiene ocho patas peludas y rápidas como las mías
y tiene mal humor y puede ser grosera como yo
y tiene un sexo y una hembra -o macho, es difícil
saberlo en las arañas- y dos o tres amigos,
desde hace algunos años
almuerza todo lo que se enreda en su tela
y su apetito es casi como el mío, aunque yo pelo
los animales antes de morderlos y soy desordenado,
la araña cuelga demasiado lejos de la tierra
y ha de morir en su redonda casa de saliva,
y yo cuelgo demasiado lejos de la tierra
pero eso me preocupa: quisiera caminar alegremente
unos cuantos kilómetros sobre los gordos pastos
antes de que me entierren,
y ésa será mi habilidad.




Antonio Cisneros, La araña cuelga demasiado lejos de la tierra

de Canto Ceremonial contra un oso hormiguero (1968)


Una velocidad aglutinante



Murió nonagenaria, en uso de sus facultades, dejando viudo a su esposo centenario, el escritor Noé Jitrik, a quien encomendó la ciclópea tarea de reunir en libro un grueso disco rígido, cargado de textos fragmentarios en los que quiso decir un imposible, la música. Como ya no se producían libros, el viudo hizo girar el disco a una velocidad aglutinante, logró la unidad de los fragmentos y lo lanzó al espacio.



Tununa Mercado, Nota póstuma para una enciclopedia más allá del 2000

en Primer Plano (18 de abril de 1993)



Acto de habla



En el blog Matemos a la esfinge aparece este "poema" de J.L. Austin.

Una auténtica curiosidad para retorcidas mentes universitarias.



2. Implica

El hecho de que yo diga
"el gato está sobre el felpudo"
implica realmente que yo
creo que está allí,
en un sentido de "implica"
que ya advirtió G. E. Moore.
No podemos decir
"el gato está sobre el felpudo
pero yo no lo creo". (Este
en realidad
no es el uso ordinario de
"implica",
en el sentido de
"da a entender". "Implica"
o "da a entender" es en realidad
más débil,
como cuando decimos
"fulano dio a entender que yo no sabía", o
"usted dio a entender
que sabía tal cosa como algo
distinto de que simplemente creía tal cosa".



J.L. Austin, Cómo hacer cosas con palabras.

Días sin ventura



un sábado cualquiera al mediodía no estás solo
te rodean las calles el cuello distante
el largo cañamazo de los gestos nuevos
el puente que apenas roza tus palabras
no estás solo quisieras llegar pronto
atravesar los cables de pascua
los días sin ventura
el mapa del mediodía
los brazos sin pausa de la fiesta


tanto tiempo
tanto tiempo edgar por qué insistes
ya es hora de que vuelvas
de que tejas otra vez tu camino


henos aquí sin embargo mirando solamente
al lado de todos de cualquiera
increpando las ramas oscuras
curvados hacia la madurez sin lenguas de la lluvia
los ecos
el viento de los trenes libres
abriendo el ocaso
las visiones más altas
rodeados por las comunes orillas
por el aire común del primer mediodía
a esta hora brilla el oscilante arco
ni días ni palabras han bastado
y nada quisieras agregar a tus años desconocidos
sino los bosques nocturnos y las calles
donde hallamos el ala y el aplomo

[de nuestra amistad segura



Edgar Bayley, Cuello distante
de La vigilia y el viaje (1955)


Cena


La tensión colma el foco.

El velador le da a la cocina

un tono inexacto,

romántico, diría alguien.

El devenir de los hechos, habrá de conducir

nuestra voracidad

de la sopa a la carne

(blando el hueco de la cuchara,

duro el filo del tenedor),

y de la carne a la piel, delicada, de las palabras

que vamos a repetir

en la noche del llanto, del miedo,

del orgasmo,

mientras la luz

es lo único que no sufre

vacilaciones.



Facundo Giménez (2009)